Cuervos heridos

Jhonnatan Curiel

 

Recuesto mis sueños en las rocas
antes levantaban un país
hoy destruido por las patas de alacranes
el largo abdomen de las serpientes

Nada queda de los símbolos
tan sólo un puñado de calor
se nos desbarataron los héroes como pedazos de tierra
sus nombres se hundieron como agua en aridez

Ahora el desierto es nuestra única semilla
ahora tenemos que regarla con nuestros cuerpos de lágrima
porque ya no distinguimos entre los rostros y el dolor
no supimos reconocernos en los relieves de los cerros

Me declaro indefenso ante la tiranía de existir
firmo mi carta de renuncia social
frente a su ética moribunda y baldía

Vuelvo como los amaneceres a la vida
en esta noche que anega de sal tantos cadáveres
me arrojo a buscar en sus espectros
algo que nos devuelva digna luz

Vuelvo a ser el astro vagabundo
exiliado a la penumbra
cayéndose a pedazos su brillo
como las plumas de los cuervos heridos
surcan el cielo en soledad.


 

He de detenerme

Son las búsquedas
al trazarlas dibujan formas en los cuernos
de la punta son angustia y la de la base son aguja
como las patas de los chivos o las pezuñas de elefantes
se arrastran con el peso de su vejez agrietada

Son los huecos por los que uno se mete en los pliegues de la ciudad
y sonríe y se desborda
aunque a veces su peso expriman los llantos

Es el olor que despide la luna en la ciudad
cuando bosteza de madrugada
borracha de cansancio

Es el verdor de los nopales
lo hermoso de su negrura espinada
la manera cómo crecen perforando el viento
con su espesura de viscosidad
y sus tallos escarapelados
como los cuellos de tortuga
recubiertos de ceniza

Son alcanfores en cascada
sobre la nuca derramados

El sentimiento de ser agua
contenida en un suspiro inminente

Cuerpo de gotas afiladas
al borde de caer y secarse
ojalá que al menos dé de beber a las semillas

Son los contactos de la sal
y lo quirúrgico del sol
al adentrar su lengua violeta en los sentidos
y sé que habré arribado
cuando no me alcancen los pasos
sé que he de detenerme
cuando la muerte venga a roer.


Descalzo

Estoy tirado sobre lágrimas rojas
tanteo las honduras para adentrarme a ellas

Capturo una última imagen
un recuerdo marcado a mi carne memorial

Arrojado a los abismos
estoy tatuándome la vida a los ojos
a veces demasiado cubierto por esa miel de existir
a veces como una llama que no se puede apagar
o un sueño sumergido en el agua
estoy muriendo

Estoy muriendo pero vivo mirando y mirándote
como esa voz que merodea al silencio y de pronto se escucha
en la cima de tu corazón donde se trenzan los nervios
y descongelan al río que rebosa y ríe mientras cae
en el cuenco que forman los cauces
en las venas que entretejen al pecho otra vez
para vuelvan desde la sombra de la lengua y digan:
“Soy las raíces”

Estoy bebiendo la pulpa de mi última palabra
llevo a la tierra entre los labios
de ella nace lo que quiero decir

Vida como bálsamo desde las alturas de mi incomprensión
desenvolturas hiperreales en las que florece cada aliento
y cansan los minutos que no alcanzan
y se cuelgan los segundos tan lánguidos como lágrimas

Vuelvan vuelcos de misericordia
revoltijos de bondad
los espero como síntomas sobre la piel de la muerte

Sangre hablada
sangre dicha
sangre cantada desde los cántaros vesiculares

Sangre de sal y de sulfuro y de silicio como la sangre del sol
aguardaré su impulso celeste por mis venas
esperaré a que azoten mi corazón y me renueven

Costas quiméricas a las que se apresuran los besos
aunque las rocas detengan amor con resquemor
me atreveré a besar con sangre y cielo
soledad
selenio
sopor
saudade
sensualidad
vibrante

Con sangre y suelo
serenidad
simpleza
sonoridad
certeza
celeridad
distante

Estoy hundido como pie descalzo sobre el mar
la corriente me lleva pero me quedo
me envuelve y me revuelve
estoy en la orilla donde me sumerjo a la noche.

 

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