Una historia sobre la vida: sus pérdidas, las metáforas y los conejos

 

Eva Castañeda B.

Compré un conejo en el mercado negro de animales,
lo hice porque me entristeció verlo en una jaula.
Pagué mucho por él.
Dicen que es un Polish, supongo que es la raza,
(aunque eso no me importa).
No sé nada sobre conejos, excepto que comen zanahorias
y según la Guía para el cuidado de conejos
 también comen heno y verduras.

El conejo vive conmigo, los dos en un departamento.
Le asigné una habitacion con cinco ventanas.

Los martes salimos a caminar
y pensamos, cada quien en lo que puede.
Yo en números y en lo improbable,
Él, en más conejos.

A muchas personas les gusta el conejo a las brasas,
yo creo que son estúpidos
 porque ignoran que los conejos también bailan
y pueden ser muchos.
Primero habrá cuatro,
luego ocho, dieciseis, treinta y dos, sesenta y cuatro
ciento veintiocho, doscientos cincuenta y seis, miles
de conejos que saltan y te rodean y se amontonan, te tapan y te asfixian.
En mis conversaciones el conejo oficia de metáfora o de símbolo.
Me gustan sus orejas peludas y me gusta la palabra conejo.

El otro día fuimos al bosque
y le gustó mas que su habitación.
 Decidió quedarse ahí,
cerca de los cazadores
y  lejos de la comida gourmet con conejos.
 Es que siempre se puede huir de los cazadores.

El conejo salta en un bosque lleno de conejos,
yo creo que está bien.
En mis conversaciones él oficia de metáfora o de símbolo.
Aunque  el bosque  será  siempre más grande
que los cazadores y los conejos.

Regresé a casa y pensaba que no siempre es posible
escapar de las balas o de la tristeza. Regresé a casa. 

 

 

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