El mapa o el territorio
Notas sobre la disputa histórica del espacio en Tijuana

 

 

Parte II: “Campestre o Nada”

Imaginar espacios urbanos es un acto político. Así nació el movimiento estudiantil más importante de Tijuana, por ejemplo. No conformes con lo poco que la ciudad les ofrecía, los estudiantes imaginaron una universidad pública en el campo de golf de la élite, ocuparon el espacio y exigieron su construcción. “Campestre o nada”, decían.

Era 1971.

Por un lado, el Club Social y Deportivo Campestre estaba en el clímax de un histórico litigio. En representación de descendientes de los Argüello (antiguos propietarios de la ciudad), la empresa Inmuebles Californianos S.A. (ICSA) reclamaba como propias más de 10,500 hectáreas ya pobladas de la ciudad, con especial interés en el Club Campestre. El 3 de febrero, un juez de Distrito resolvió el caso Campestre a favor de ICSA y, en protesta, miembros de Club tomaron las instalaciones.[1]

Por otro lado, la Universidad Autónoma de Baja California (fundada en 1957) aún no contaba con un Campus Tijuana. Ya había escuelas y carreras, pero dispersas en la ciudad. El 5 de febrero, varios jóvenes y estudiantes se manifestaron por esta situación marchando del Centro al Campestre, donde realizaron un mitin. Aunque el sitio estaba resguardado por los socios del Club ahí instalados (en su propia protesta), los estudiantes lograron abrir las puertas y se organizaron para acampar en el lugar.[2]

 

 

Dos espectros ocupaban el Campestre, espectros de futuros imaginados. Uno privado-empresarial, otro público-estudiantil. Hauntopologías incompatibles, en disputa de clase para actualizarse.

Pronto los estudiantes ganaron apoyo popular y los socios del Campestre abandonaron el lugar. La protesta se instaló y organizó de manera democrática. Se formó el Consejo Estudiantil (con las distintas escuelas de UABC) y cada día se asignaba un nuevo vocero (para evitar protagonismos). Incluso, en las mismas instalaciones del Campestre, se impartieron clases de la Escuela de Contabilidad y Administración.[3]

 

 

Mientras tanto, la burguesía tijuanense movía sus palancas para que el Gobierno del Estado acelerara los trámites de su donación de terrenos en el ejido Tampico (Otay) a la UABC y resolviera la demanda estudiantil sin afectar sus privilegios. Así, los terrenos se entregaron formalmente el 15 de marzo y la UABC comenzó a construir el actual Campus Tijuana al día siguiente. Un mes después, al ver los avances logrados, los estudiantes decidieron por plebiscito desalojar el Campestre y se retiraron del lugar el 19 de abril, 73 días después de la toma de las instalaciones.

Con la imaginacción estudiantil del ’71, la ciudad ganó un campus universitario público.  Sin embargo, el Club Campestre recuerda las cosas de manera diferente. En su sitio web, por ejemplo, el movimiento estudiantil se presenta como un “problema” más en su historia, heroicamente superado por sus socios:

“Otro problema fue la invasión y posesión por la fuerza, de los campos de golf por algunos estudiantes que querían que se les construyera una Universidad, viendo los problemas de la I.C.S.A. con el Campestre y reconociendo en el Club un predio amplio, ilegalmente y en contra de las propias autoridades universitarias, formularon una huelga y enseguida tomaron posesión de las instalaciones del Campestre, donde sin ningún respeto al derecho y las garantías constitucionales de la propiedad privada, destruyeron y saquearon las instalaciones, incluyendo objetos propiedad de los socios. Gracias a la valentía y unión de los asociados, que defendieron con honra su Club, todo esto se solucionó”.[4]

Para el Club Campestre, no hubo lucha popular sino invasión. Saqueadores más que estudiantes. Defensa honrosa ante irrespetuosa toma. En suma: propiedad privada o barbarie. (Por supuesto, omitiendo la ilegalidad de los socios mismos del Campestre en su previa toma de las instalaciones en protesta por la victoria jurídica de ICSA.)

Pero la propiedad privada no es un dogma y el mapa puede cuestionarse. El territorio siempre está virtualmente abierto, con o sin papeles que lo respalden. Una genealogía del Club Campestre es suficiente para ilustrarlo, y no solo por el movimiento estudiantil.

Véase 1911.

Es probable que, “sin ningún respeto al derecho y las garantías constitucionales de la propiedad privada”, los insurgentes magonistas hayan instalado sus campamentos y fuertes militares en donde ahora es el Club Campestre y antes era una colina despoblada del rancho Agua Caliente, organizando desde ahí la toma de Tijuana de 1911.

 

Por un lado, en su famoso libro antimagonista (encargado por el coronel porfirista Esteban Cantú para legitimarse), Rómulo Velazco Ceballos escribe que los insurgentes o (en su léxico oficialista) “fuerzas filibusteras” amanecieron el 8 de mayo “en el rancho de Agua Caliente, a sólo 3 millas al Sudeste de la misma Tijuana”. Líneas más adelante, en su descripción preliminar de la batalla, señala que las “bandas filibusteras” se acercaron a Tijuana “por la falda de la colina de Oriente”. Además, sin haber sido testigo de la batalla, agrega con licencia poética: “El día era esplendoroso. En el silencio precursor a las primeras detonaciones del combate, se escuchaba el canto de las cigarras, bajo las llamaradas del sol que calcinaba el valle”.[5]

Por otro lado, en el reciente centenario de los acontecimientos, apareció en internet una crónica novelada de la expulsión de los insurgentes del 22 de julio de 1911. El texto fue publicado por Gustavo Zarza, pero el sitio no deja en claro si el autor es Ricardo Zarzosa Gilbert o Luis Zarzosa Lovis. La narración califica a la insurrección como “hordas filibusteras” y, a su vez, cuenta los hechos desde el punto de vista de un soldado federal del Octavo Batallón de Infantería, enviado por la administración porfirista del presidente interino Francisco León de la Barra. En su narración, el soldado oaxaqueño nos informa que el grupo insurgente “estaba apostado en la falda de un cerro, entre un pequeño bosque (en donde hoy se encuentra el ex casino de Agua Caliente)” y que, al atacarlo, fue obligado a recular, “perdiendo la meseta en donde se habían hecho fuertes” y dirigiéndose “al puente del ferrocarril que no estaba distante del lugar del combate”. Finalmente, el soldado cuenta cómo los “bandidos” fueron acorralados hasta que cruzaron la frontera, para luego cerrar triunfante: “¡Baja California estaba a salvo…!”.[6]

 

Así, ambas crónicas (de sesgo porfirista) sobre la rebelión magonista coinciden en señalar que los insurgentes se instalaron más de dos meses en un rancho arbolado en las faldas de los cerros al sudeste de la ciudad, donde se encontraba el manantial Agua Caliente.[7] Pero también el tiempo estaba apostado sobre esos terrenos. Y ese filibustero se niega a recular.

En 1926, a tres lustros del anarcomunismo fronterizo, los terrenos de ese rancho serían vendidos por Alberto Argüello (descendiente de Santiago Argüello) al general Abelardo L. Rodríguez (Gobernador del Territorio de Baja California).

En 1927, en plena ley seca norteamericana, la propiedad formaría parte del complejo turístico Agua Caliente, que no solo contó con el legendario Casino Agua Caliente sino también con el campo de golf Club House en las faldas arboladas de los cerros arriba citados.

En 1938, ya sin ley seca, el presidente Lázaro Cárdenas prohibiría los juegos de azar en el país y expropiaría el complejo Agua Caliente, usando al Club House como hospital.

En 1940, ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la señora Susana Lucero Vda. de Regnier ganaría el juicio en el que reclama los terrenos por su parentesco con la familia Argüello, pero fallece antes de renovar los contratos de propiedad.

En 1948, ahora como expresidente de México, el general Abelardo L. Rodríguez les regalaría a 35 empresarios las 70 hectáreas del campo de golf y dos años después inaugurarían su Club Social y Deportivo Campestre de Tijuana A. C.

 

 

Luego vendría aquello de ICSA y UABC. Pero la élite del Club Campestre no estaba desamparada. Gobierno Estatal, como quedó claro, los protegería de la invasión de la “horda filibustera” estudiantil con la construcción del Campus Tijuana en Otay. Gobierno Federal, en cambio, se involucraría en la disputa interburguesa con ICSA a través de la mediación directa del presidente Luis Echeverría.[8] Mención aparte la donación misma de los terrenos a la élite empresarial por parte del expresidente de México, Abelardo L. Rodríguez. Así, con ayuda de distintas instancias de gobierno, los empresarios del Club Campestre han asegurado por décadas y hasta la fecha estas hectáreas verdes de la ciudad como espacio reservado a la cultura burguesa tijuanense.

 

Uno encuentra testimonios de los exclusivos rituales de esta cultura burguesa local en el trabajo fotográfico de Yvonne Venegas, por ejemplo; particularmente en su serie Las novias más hermosas de Baja California (2000-2004). Su padre, el fotógrafo José Luis Venegas, es conocido entre estos círculos por retratar en su estudio a novias y quinceañeras, así como a mujeres jóvenes que “debutan” en sociedad en un evento anual del Club Campestre. En cambio, la serie de Yvonne Venegas hace un registro de la puesta en escena de estas ritualidades patriarcales de la élite y la red de actores y ejercicios teatrales que las sostiene.[9]

Sin embargo, independientemente de alianzas pasadas, la relación entre el Club Campestre Tijuana y el gobierno ha sido más compleja. Recientemente, la noche del pasado 14 de junio, tres individuos armados se introdujeron a las instalaciones del Club Campestre Mexicali, tomaron de rehén a un empresario y asaltaron a 20 personas durante la celebración del Día del Padre.[10] En respuesta a los acontecimientos en Mexicali, Arturo González Cruz, presidente del Consejo del Club Campestre Tijuana, publicó a los dos días una carta desplegada en periódicos locales y dirigida al gobernador del Estado, Francisco “Kiko” Vega. La carta comenzaba de manera lapidaria: “Señor Francisco Arturo Vega de Lamadrid, el significado de la palabra ‘Gobernador’ le queda a usted muy grande evidentemente”. Y, después de una larga diatriba, sin bajar el tono contestatario, concluía: “Desde el Club Social y Deportivo Campestre en Tijuana, nos solidarizamos con la sociedad mexicalense, y en particular, con quienes fueron atentados en un lugar privado, de esparcimiento y familiaridad, en una entidad donde lo que priva es la ausencia de seguridad y Estado de Derecho”. Así, la élite empresarial está dispuesta a confrontar al poder político si no se le garantiza la seguridad de su espacialidad privada, condoliéndose con la élite vecina.

 

 

Después de este repaso, queda claro que el espacio que actualmente ocupa el Club Campestre es producto de asentamientos militares, compra-ventas cuestionadas, expropiaciones federales, litigios judiciales, tomas estudiantiles, escándalos mediáticos… Un resultado de disputas entre anarquistas y porfiristas, propietarios y socios, estudiantes y empresarios, empresarios y gobierno… Mapas trazados y territorios disputados. Esa es la historia del Club Campestre, los espectros que la acosan.

Esta hauntopología del Club Campestre nos permite recordar que los espacios no están históricamente cerrados. Que la ciudad que la élite empresarial diseña no es la única posible, aunque ahora (y cada vez más) parezca ser así. Y si hoy sobre ese gran terreno verde solo hay bolitas, banderitas y un puñado de ricos, mañana podría haber otra cosa. Un parque público, por ejemplo.

 

 

Alfredo González Reynoso
Septiembre, 2017

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[1] Piñera Ramírez, David y Maricela González Félix, Historia de la Universidad Autónoma de Baja California, 1957-1997, Universidad Autónoma de Baja California, 1997. (Cito en este caso a Piñera y González con reserva, ya que, aunque su texto es de las pocas fuentes académicas que aborda al movimiento estudiantil, lo demerita sutil pero sistemáticamente, con una redacción tendenciosamente oficialista y favorable al rol del Gobierno del Estado y de la institución universitaria.)
[2] Ibid.
[3] Ibid.
[4] Anónimo, “Historia”, Club Social y Deportivo Campestre de Tijuana S.A., México, s.f., [en línea:] http://campestretijuana.com/?id=historia (Consultado el 1 de septiembre de 2017). Agradezco a David Hiriart que me haya compartido este dato de la página web del Club Campestre Tijuana.
[5] Velasco Ceballos, Rómulo, ¿Se apoderará Estados Unidos de América de Baja California? La invasión filibustera de 1911, s.e., México, 1920, pp. 123-193, [fragmento en línea:] http://www.oocities.org/yosemite/3035/Historia/batalla1911.html (Consultado el 1 de septiembre de 2017).
[6] Zarza, Gustavo, “Recordando la Toma de Tijuana: Batalla contra los Filibusteros”, Noticabos, México, 22 de junio, 2011, [en línea:] https://noticabos.org/2011/06/22/recordando-la-toma-de-tijuana-batalla-contra-los-filibusteros (Consultado el 1 de septiembre de 2017).
[7] Agradezco a Jhonnatan Curiel que me haya compartido la bibliografía de Rómulo Velasco Ceballos y Gustavo Zarza, así como la observación de la posible relación entre los espacios ahí narrados y los actuales terrenos del Club Campestre Tijuana.
[8] Sosa, Yolanda et al., “Derecho civil”, en Aurora Lacavex Berumen (ed.), Evolución del derecho en Baja California, Universidad Autónoma de Baja California, México, 2006.
[9] Imágenes e información del proyecto en http://www.yvonnevenegas.com/ (Consultado el 1 de septiembre de 2017).
[10] Heras, Antonio, “Grupo armado asalta a empresarios que jugaban golf en Club Campestre de Mexicali”, en Proceso, México, 15 de junio, 2017, [en línea:] http://www.proceso.com.mx/491193/grupo-armado-asalta-a-empresarios-jugaban-golf-en-club-campestre-mexicali (Consultado el 1 de septiembre de 2017).

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