Consejos no solicitados para aferrados colegas de cabeza dura

Por Daniel Salinas Basave


Alguien me dijo que en el periodismo no cambiaron las reglas; lo que cambió fue el juego completito. Lo que jugamos en la segunda década del Siglo XXI no tiene nada que ver con lo aprendido por quienes empezamos a reportear en el pasado milenio.  También he visto y vivido de cerca la caída de no pocos monstruos y todo el tiempo me encuentro con pescadores damnificados por la locura de este río revuelto.


Por década y media yo pude vivir dignamente de este oficio sin necesidad de buscar ingresos extra, pero hoy veo a muchos colegas pasándola muy mal. He leído que los amateurs están dando al traste con el oficio, que la obsesión por ser estrella de las redes sociales hace que muchas carreas nazcan muertas y que el periodismo de profundidad y largo aliento es una extravagancia.


Es cierto, vivimos tiempos turbulentos para el oficio,  pero sin importar si te formaste con un iPad o una máquina de escribir hay detalles del oficio que no cambian. Hay quienes quieren empezar siendo chefs y cocinar extravagantes platillos sin haber aprendido a preparar un digno y sabroso plato de arroz y frijol.


 Tú no lo solicitaste, pero me voy a permitir compartirte algunos tips o consejos que en su momento puse en práctica. No es un decálogo ni son “reglas de oro” o “máximas infalibles”, pues esos términos me parecen ridículos. Son detalles que a mí me sirvieron y con gusto te comparto.  Toma lo que te sirva, desecha lo que no y agrega todo aquello que tu propio camino de vida te vaya enseñando

 

  1. El periodismo, como la prostitución se aprende en la calle. La frase se explica sola. Nunca te conviertas en un reportero de oficina.
  2. Mira siempre tu entorno como si fueras un foráneo, un extranjero recién llegado que lo contempla  por vez primera. En las calles que recorres todos los días hay detalles que juegan a vestirse con el traje de lo ordinario, pero ahí yacen historias alucinantes.
  3. Bájate de tu carro y camina por la ciudad donde vives. A reportear se aprende caminando. Cuando vas al volante te pierdes de mil y un detalles. Las historias se cazan a pie. Toma el transporte público al azar rumbo a una colonia en donde nunca hayas estado. En tu ciudad siempre hay un rincón que no conoces.
  4. Date tiempo para visitar la hemeroteca y revisa cada cierto tiempo noticias de hace muchos años. El tiempo no empezó a correr desde hoy. Todo en el periodismo el cíclico, la máxima expresión del eterno retorno.
  5. Crea tu propio archivo y nunca olvides. La rueda de la fortuna es brava y en el periodismo toparás con mil y un personajes que se muerden la lengua y traicionan sus “nunca” y sus “siempre”. Toda historia tiene un remoto antecedente.
  6. Crea tu propia red de expertos en diversos temas y arma una agenda de correos y teléfonos de gente no mediática que pueda hablar con autoridad sobre un tema. Busca a personas que no salgan a menudo en los medios. Entrevista a científicos, técnicos, especialistas, no solo a políticos y líderes que responden con machote.
  7. No toleres la impunidad declarativa. Los políticos y funcionarios tienen mil y un muletillas para congelar o matar un tema. “Se está investigando”, “se va a crear una comisión”, “se hace un llamado”. No lo permitas. Ante cada salida por la tangente busca un compromiso o una precisión.
  8. Haz todas las semanas por lo menos una pregunta vía portal de transparencia.  Hace una década no contábamos con esa herramienta, pero hoy las páginas de transparencia pueden ser tu mejor aliado si las sabes trabajar y lo haces con constancia.
  9. Busca siempre los motivos del lobo. Aún el personaje más aberrante y contrario a nuestra visión del mundo tiene circunstancias y motivos que lo llevan a pensar o actuar de determinada forma. Entender no significa justificar o apoyar, pero  la mejor literatura y el mejor periodismo surgen en la medida que logramos sostener la mirada de nuestros demonios.
  10. Explica las cosas, descífralas. No temas a explicar “con bolitas y palitos”.  Tu lector no asume ni da por sentados detalles que tú dominas. Nunca temas hacer la pregunta más sencilla. A veces ahí está el detalle.
  11. Haz preguntas inesperadas, raras. Arranca a  tu entrevistado del libreto que tan bien domina.  No temas preguntar por sentimientos o estados de ánimo. “¿Cómo se siente? ¿Duerme tranquilo? ¿Qué imagina?”.
  12. Enamórate de tu oficio, vuélvete loco y tírate a matar. Tienes derecho a sentirte hasta la madre, pero si ser reportero no te apasiona es mejor que busques otro quehacer mejor remunerado.

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