Tijuana: A place where the time is out of joint!
Notas para una hauntopología de la ciudad

Un recorrido cualquiera por Tijuana podría comenzar en la 5 y 10, pasar frente a Calette, luego por El Toreo y estacionarse a un lado de La Ocho. Pero ninguno de estos lugares existe propiamente hablando. Respectivamente, la tienda de artículos (a 5 y 10 centavos de dólar) en la esquina del crucero desapareció hace décadas; la tienda de pinturas se abandonó y derrumbó en un incendio; la plaza de toros la desmantelaron; la cárcel fue demolida.


Tijuana no suele ser muy respetuosa de la condición histórica de sus espacios urbanos. Empresarios y políticos han ignorado recurrentemente las peticiones populares para revitalizar los patrimonios materiales de su urbe. Pero los fantasmas espaciales son difíciles de espantar y sus nombres pasados siguen acosando en zonas clave de la ciudad.


Jacques Derrida decía que había que pensar en una filosofía que estudie no solo la presencia de los entes, sino también ciertas ausencias que, aunque no “están”, rondan como fantasmas. La llamó hauntologie, una ontología de estos entes que acosan espectralmente (haunt) [1]. Curiosamente, el término se popularizó no tanto en la filosofía sino en la crítica musical. Simon Reynolds y Mark Fisher, por ejemplo, lo utilizan para definir un conjunto de estilos musicales de la segunda mitad de la década pasada que se apropian de sonidos, texturas y atmósferas históricamente cargadas [2]. En la cultura pop anglosajona, hautology es ya prácticamente un género de la música electrónica (la disquera Ghost Box, Burial, The Caretaker, Boards of Canada, James Ferraro, entre otros).


Sin embargo, queda aún por formular una hauntopología, una ontología de los espacios espectrales, que le permita a Tijuana conjurar sus lugares ya ausentes que insisten en cohabitar con los presentes. Y en Tijuana queda claro que estas topologías-fantasma no siempre son inocentes.


Por ejemplo, la espacialidad moderna, empresarial y financiera de Zona Río se construyó sobre la represión violenta de una espacialidad precaria. La plusvalía generada por la canalización del Río Tijuana fue suficiente para desplazar por la fuerza a familias enteras que vivían informalmente desde hace décadas en la zona, conocida popularmente como “Cartolandia”. Este desalojo violento comenzó en 1959, continuó en los años 70 y concluyó trágicamente en la madrugada del 30 de enero de 1980, cuando el gobernador Roberto de la Madrid ordenó de imprevisto abrir las compuertas de la presa Abelardo L. Rodríguez en su máxima capacidad, llevándose no solo las viviendas sino también varias vidas de los colonos [3]. Así, una hauntopología de Zona Río tendría la tarea de deconstruir la hegemonía espacial del poder empresarial y financiero (ahora incuestionable) reintroduciendo el olvidado crimen de Estado en el que se funda. Conjurar puede ser un modo de reabrir la historia, de reescribir los espacios, de reivindicar los espectros.


 

Pero hay fantasmas a los que no se invoca, sino que insisten en acosar sin que los llames. Fantasmas con los que hay que negociar simbólicamente. El crimen organizado ha generado varias de estas topologías-fantasma en la ciudad. Ese fue el caso cuando atraparon en 2008 a El Pozolero, quien confesó haber disuelto en ácido a cerca de 300 personas asesinadas por el crimen organizado en una fosa clandestina en el ejido Maclovio Rojas. La Universidad Autónoma de Baja California recuperó el espacio y, como parte del proyecto RECO (Recordar, Reconstuir y Reconciliar), se decidió pintar en él un mural colectivo en memoria de los desaparecidos, coordinado por el artista “Libre” Gutiérrez. Habitantes de topologías marginalizadas que en su presente incierto decidieron lidiar con sus pasados ominosos, inscribirlos en su paisaje cotidiano, resignificarlos.



Por otro lado, es importante subrayar que, además del pasado, también el futuro puede tener esta condición fantasmal. El hauntologie de Derrida subraya la importancia de estos futuros que se anuncian espectralmente. Por ejemplo, cuando el Manifiesto Comunista dice: “Un espectro recorre Europa: el espectro del comunismo”, Marx y Engels hablan no de un pasado que regresa sino de una presencia inminente, de un porvenir anunciado. El hauntology de Reynolds y Fisher enfatiza, por su parte, la nostalgia por futuros perdidos. Sus ejemplos son canciones o imágenes que recuerdan las utopías prometidas por el estado de bienestar y posteriormente desmanteladas por el neoliberalismo.


Una hauntopología de Tijuana, entonces, debería también pensar en sus espacios prometidos, incluso si estas promesas sobreviven justamente como fallidas. Es este futuro no cumplido el que está presente-ausente en la serie fotográfica Desinterés social, de la artista tijuanense Mónica Arreola, que registra el pesado vacío de fraccionamientos enteros de casas populares en el abandono. La ilusión por viviendas de “interés social” que fue estropeada por intere$e$ privilegiados de bancos e inmobiliarias en complicidad con el Estado. La cámara fotográfica funciona para Arreola como dispositivo-Ouija que hace deambular en estas imágenes el fantasma de una Tijuana prometida, invisible pero definitivamente patente, que anda ahora condenada entre “picaderos”.



En este y otros sentidos, queda claro que un espectro recorre Tijuana: el espectro del neoliberalismo. En Tijuana, el topos vislumbrado como futuro —ya actual, pero que anuncia su radicalización— es el de la ciudad neoliberal, es decir, la construcción corporativa del imaginario urbano y la creciente desigualdad en el acceso a espacios compartidos.


El caso más emblemático es el creciente esfuerzo de la industria inmobiliaria por convencer a la élite económica en la ciudad a que reimaginen al Centro de Tijuana como habitable para sus pretensiones clasistas de distinción social. Inversiones millonarias que no solo subirán las rentas de los espacios colindantes ya habitados sino que literalmente destruirán las casas actuales de clases desfavorecidas. Tómese un histórico vecindario sobre la Niños Héroes como ejemplo. En él se filmaron memorables escenas de Born in East L.A., un clásico del cine chicano, y actualmente lo rentan familias de clase trabajadora. Pero una hauntopología no dejaría pasar el hecho de que en su pasillo central ya no solo se escucha el icónico “Waas sappening!” de Cheech Marin sino también los bulldozers futuros que recogerán sus ruinas para construir un edificio habitacional de lujo recientemente anunciado.

Es esta misma imaginación neoliberal de la ciudad la que lleva meses difundiendo comercialmente el proyecto de un complejo residencial y comercial para la élite fronteriza —con el nombre de Bajalta California— que se ubicará en donde hace años funcionaba la legendaria tienda de pinturas Calette —ahora, tras disputas familiares, vuelta un gigantesco lote baldío.



Pero quisiera cerrar más bien con una anécdota que se desprende incidentalmente de este proyecto. Cuando comenzaron labores para derrumbar los inmuebles aún en pie a las orillas del terreno, apareció de pronto a la vista pública —a metros del bulevar más transitado de la ciudad— un muro antes ocultado por los edificios que se acababan de demoler. El muro tenía como imagen un anuncio de la marca Pinturas Corona con un estilo publicitario viejo. Inesperadamente, el muro se convirtió en una sensación. Más de uno se acercó a tomarse fotos en él. En este cruce de una espacialidad futura (Bajalta California) que hace emerger una espacialidad pasada (el anuncio de Pinturas Corona), los tijuanenses se permitieron ser turistas en su propia ciudad, habitando un lugar familiar y extraño al mismo tiempo, Unheimlich, con el tiempo out of joint, desajustado, traslapado. Incluso hubo una organización (Grupo Avanza Tijuana) que pidió proteger el muro y trasladarlo a un espacio público, argumentando que “el muro es emblemático ya que representa una etapa de prosperidad industrial en Tijuana” [4].



Así, un muro descolorido y a medio caer terminó siendo un insospechado síntoma de ese juego de resistencias espacio-temporales característico de este momento en la ciudad: un fantasma apropiado por el imaginario colectivo (y que encarna las pasadas promesas de la “prosperidad industrial” arruinadas por el neoliberalismo) haciéndole frente al fantasma anunciado (con bombo y platillo) de una espacialidad que ambiciona ser habitada por la élite. La historia es a veces la historia de la lucha de espectros.


Alfredo González Reynoso
Enero, 2017
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[1] Jacques Derrida, Espectros de Marx, Trotta, España, 2012.
[2] Simon Reynolds, Retromania, Faber and Faber, Estados Unidos, 2011, y Mark Fisher, Ghosts of My Life, Zero Books, 2014.
[3] Cf. José Manuel Valenzuela Arce, Intromisiones compartidas, Fondo Nacional para la Cultura y las Artes / inSITE, Estados Unidos / México, 2000, pp. 28-29.
[4] Anónimo, “Quieren preservar muro de Pinturas Corona”, en San Diego Red, Estados Unidos, 27 de mayo, 2016. Recuperado de: http://www.sandiegored.com/noticias/74729/Quieren-preservar-muro-de-Pinturas-Corona/

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